Sobre la Ecología Emocional

La ecología emocional es el arte de la sostenibilidad emocional. De gestionar nuestra energía emocional de forma creativa y amorosa de tal forma que sirva para mejorarnos como personas, aumentar la calidad de nuestras relaciones y respetar y cuidar nuestro mundo.

Alrededor de la ecología emocional giran dos valores esenciales: la responsabilidad y el tener conciencia de que el clima emocional tiene un impacto global. Tanto lo que hacemos como lo que dejamos de hacer tiene consecuencias. Todo ello, partiendo de un paralelismo entre la gestión del medio ambiente y la gestión de nuestras emociones.

Los creadores de esta cosmovisión son Mercè Conangla y Jaume Soler, experimentados profesionales de la psicología y del autoconocimiento, que además están al frente del Instituto de Ecología Emocional, esa maravillosa “incubadora” desde donde el concepto de ecología emocional va madurando y extendiéndose.

“La ecología emocional es una filosofía de vida, una forma de pensar, de sentir y gestionar nuestro mundo emocional; una mirada poética y práctica que nos puede salvar individual y colectivamente”, dicen Conangla y Soler en su libro Ecología emocional para el nuevo milenio. 

Una lluvia fina

He de reconocer que tardé algunos meses en comprender qué se escondía detrás del concepto de ecología emocional pero, un día, en una de las clases, lo vi y escribí lo siguiente:

Recuerdo que, al acabar las primeras sesiones, salía con cierta ansiedad, porque veía que el máster abarcaba una materia infinita que, además, tenía la aspiración de aplicar en los otros ámbitos de mi vida (¡cómo si la vida tuviera “otros ámbitos”!) Xavier Guix nos dijo al respecto algo que, por suerte, se me quedó grabado en la cabeza: “Esto de la ecología emocional es un lluvia fina que te va calando lentamente. Estad tranquilos”. Qué razón tenía Xavier… Y es que, ya me descubro, casi sin querer, leyendo la vida en metáforas y explicando, todavía tímidamente, a quienes me rodean ciertas cosas echando mano de ellas. Me veo hablando en términos de “espacio protegido”, “dragones”, “lluvia ácida emocional”, “iceberg”, “taburete”, “territorio amoroso”

He comprendido realmente que la ecología emocional es “sencilla, pero no fácil”. Y me explico. Reconozco que, también al iniciar este camino y quizá porque vengo de la “enseñanza clásica”, esperaba que tuviera tras de sí un “aparato” filosófico y teórico profundo o sesudo, y que fuera, a ratos, ardua. En definitiva, que requiriera el típico esfuerzo intelectual… Pero no, lo que requiere es un esfuerzo vital profundo y fértil. He comprendido que los conceptos de ecología emocional que estamos aprendiendo son anclajes, instrumentos para vivir. Ahora, cuando alguien me pregunta que qué es eso de la ecología emocional, contesto con la definición hermosa que hemos aprendido en clase y les aclaro, que la ecología emocional nos recuerda cosas sencillas que hemos olvidado por el camino y nos ayudan a vivir y no a sobrevivir.

Bibliografía básica

CONANGLA, M., SOLER, J. (2009). La ecología emocional. Barcelona. Amat.
CONANGLA, M., SOLER, J. (2011). Ecología emocional para el nuevo
milenio. Barcelona. Zenith.
CONANGLA, M., SOLER, J. (2013). Emociones: las razones que la razón
ignora. Barcelona. Obelisco.

 

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